Subiendo la colina, justo detrás de la vieja encina, la hierba crece más alta. A veces me detengo a observarla, mientras ondea suavemente en la brisa. Desde aquí, puedo distinguir la última ventada de mi amado... Quiere marcharse... y yo no puedo imaginarme ningún otro lugar con este olor y la tenue voz de la hierba.
Barcelona 02/10/00 - Poema de Vincenzo